En la elaboración del cava es fundamental partir del vino como materia prima de alta calidad y que venga precedido de una elaboración cuidada. Posteriormente y una vez preparado el vino se procede al denominado tiraje, procedimiento en que se añade al vino el licor de tiraje, una solución de azúcar y levaduras y se embotella con objeto de que tenga lugar una segunda fermentación alcohólica dentro de la botella. Se tapan las botellas con tapón corona y obturador, para evitar toda pérdida de gas carbónico.

Las botellas reposan apiladas en rima en la cava, donde hacen la segunda fermentación y envejecen lentamente. En esta fase pasan meses e incluso años según la clase y calidad del cava que se desea obtener.

La siguiente fase es la del removido, donde las botellas situadas en los pupitres o las jaulas se remueven un octavo de vuelta cada día, de modo que en ocho días se ha dado una vuelta completa a la botella, de esta manera los posos acumulados en la fase de rima, van descendiendo lentamente hasta el tapón.

A los veinte o treinta días los posos están situados en el cuello de la botella, pasando a la fase siguiente que es la de degüelle, se coge la botella invertida, se le quita el tapón arrastrando los sedimentos existentes en él procedentes de la segunda fermentación. En esta operación es preciso sustituir el líquido perdido, lo que se consigue con el licor de expedición, que es una mezcla de vino y azúcar en cantidades variables, para obtener los diferentes tipos de cava semi-seco o brut, o sin adición de azúcar, el brut nature.

Terminada esta operación se coloca el tapón de corcho definitivo y el bozal. Se limpia la botella de la suciedad que ha acumulado durante tanto tiempo, vistiendo después la botella con la cápsula, etiquetas y el sello de control, embalando por último en cajas.


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